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La pasión y el talento

Rudo y Cursi (Carlos Cuarón, México, 2008) es una de las películas favoritas de mi mamá y como además de haberla visto en el cine la encuentra en Netflix y la deja cada vez que la pasan en la televisión, se ha colocado entre las cintas que puedo ver para entretenerme y que, además, no me desagradan. Creo que sencillamente puede inscribirse en la categoría “Es tan mala que es buena”.

Me ha tocado verla tantas veces con ella cuando voy a visitarla, que la trama ya no es ningún misterio para mí y casi podría recitar los diálogos en algunas partes. Sin embargo, el pasado fin de semana, cuando la vimos una vez más, me llamó la atención un comentario en el que antes no me había fijado.

El buscador de talentos argentino, narrador de la historia, comenta algo así como “Ojalá que todos naciéramos con la capacidad de distinguir entre la pasión y el talento”. La referencia es, naturalmente, al Cursi, quien a pesar de ser un crack del balompié, se empeña en cantar (algo para lo cual no tiene las menores aptitudes).

rudoycursi

Me quedé con la idea porque, por una parte, expresa una verdad evidente. Muchas veces, las cosas que más “se nos dan” son las que menos atractivas nos parecen, precisamente porque las hacemos con suma naturalidad. Por el contrario, hay actividades que verdaderamente nos apasionan, pero que no logramos hacer bien por más que lo intentemos.

No tengo que ir muy lejos para encontrar ejemplos de lo anterior; me basta con echar un vistazo a mi propia experiencia. Desde niño me encanta la música y en varias ocasiones traté de aprender a tocar un instrumento; pero aunque puse todo el empeño y la constancia de los que fui capaz, mis mayores esfuerzos no dieron más que para lograr una interpretación medianamente aceptable de “Los changuitos”.

En cambio, aprender lenguas extranjeras y posteriormente traducir, son habilidades que he desarrollado con gran facilidad y gracias a las cuales gano mi sustento. Mis compañeros de escuela en el pasado y mis alumnos y colegas en la actualidad, han alabado en varias ocasiones mi talento para los idiomas. Sin embargo, a mí no me parece un talento en absoluto; creo que cualquier persona que se dedique lo suficiente, podrá desarrollar esas habilidades y así lo he comprobado al dar clases de distintas lenguas. Me gustan mi profesión y mi trabajo; también me agrada colaborar con las personas que necesitan ayuda en estas áreas. No obstante, para mí un auténtico talento hubiera sido el tocar un instrumento de tal forma que las mejores orquestas se pelearan por mí.

Pero aquella frase de la película no llamó mi atención porque remite a mi historia, tanto como a la del personaje interpretado por Gael García, sino porque me recordó a una persona que conocí recientemente y quien, a mi parecer, tiene la fortuna de haber conciliado la pasión con el talento. Se trata de un ejecutivo de ventas, a quien doy clases particulares de alemán.

Cuando nos reunimos fuera de su oficina, siempre llega con los audífonos puestos, escuchando su música favorita o algún nuevo lanzamiento; al visitar su despacho, descubrí que está decorado con las portadas de sus discos favoritos de rock clásico y cuando hablamos de sus aficiones en los ejercicios de conversación, siempre me cuenta de algún concierto al que fue o del álbum que acaba de comprar. Lo anterior haría pensar que trabaja en la industria musical; sin embargo, cuando me entregó su tarjeta el día que nos conocimos, vi en ella el logo de una empresa de mobiliario y la frase Stadium Seats for Sale.

En efecto, Rafa, mi alumno, es agente de ventas en una compañía que fabrica mobiliario y equipo para estadios y auditorios. Al principio pensé que Rafa, como la mayoría de nosotros, había tenido que elegir un trabajo que no era precisamente su pasión, para ganarse la vida y que mantenía a la música como una gran afición. Sin embargo, al conocerlo mejor, descubrí que para él su trabajo y su pasión no estaban tan desconectados como podría parecer.

Al igual que yo, Rafa enfrentó la desilusión de comprobar que no tenía ningún talento para la música. Sin embargo, resultó un hábil vendedor. Cuando se le presentó la oportunidad de trabajar en la empresa de mobiliario, no lo dudó ni un instante, pues supo que sus principales clientes eran foros y espacios para conciertos. Vender los mejores asientos y equipos para ese tipo de lugares es la forma que Rafa encontró para colaborar en el ámbito musical pues, según me dijo, aunque son los músicos e intérpretes los que hacen el concierto, el ambiente y el espacio ayudan a disfrutarlo aún más.

Sí, conciliar el talento con la pasión puede ser muy difícil, pero como lo demuestra esta historia, no es imposible.

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